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Certificaciones de obra: qué son, cómo se calculan y qué debe revisar el propietario

Las certificaciones de obra son documentos que indican qué trabajos se han realizado hasta una fecha concreta y cuánto corresponde pagar por ellos.

Para prepararla se comprueban las cantidades realmente ejecutadas —por ejemplo, los metros de pavimento colocados, los muros construidos o las instalaciones terminadas— y se aplican los precios acordados en el presupuesto o contrato.

De esta manera, el propietario puede saber cuánto trabajo se ha completado, qué importe se había pagado anteriormente y qué cantidad corresponde abonar en ese momento.

En una obra privada, el sistema debe quedar explicado en el contrato. Debe indicarse quién prepara las mediciones, quién las revisa y con qué frecuencia se emiten las certificaciones. También debe aclararse cómo se aprueban los trabajos adicionales.

¿Qué son certificaciones de obra?

Una certificación de obra es un documento técnico y económico en el que se valoran los trabajos ejecutados hasta una fecha concreta.

Para elaborarla se toman las mediciones reales de la obra y se aplican los precios establecidos en el presupuesto o contrato. El resultado permite saber cuánto valor tienen, hasta ese momento, los trabajos que ya se han ejecutado.

En una obra privada, el contrato debe definir el procedimiento. No todas las construcciones siguen exactamente el mismo sistema ni intervienen las mismas personas de idéntica manera. Por eso es importante establecer desde el principio:

  • Con qué frecuencia se emitirán las certificaciones.
  • Quién preparará las mediciones.
  • Quién comprobará y aprobará el documento.
  • Qué plazo tendrá el propietario para revisarlo.
  • Cuándo se emitirá la factura correspondiente.
  • Cómo se tratarán las modificaciones y los trabajos no previstos.
  • Si se aplicarán retenciones, anticipos u otras condiciones económicas.

¿Para qué sirven las certificaciones de obra?

Este control económico es una parte importante a la hora de gestionar un proyecto de construcción de forma ordenada y evitar decisiones improvisadas durante la ejecución. Es decir, que el propietario no esté pagando por adelantado trabajos que todavía no se han realizado. Permiten:

  • Conocer cuánto se ha ejecutado.
  • Comprobar qué trabajos o partidas del presupuesto se están cobrando.
  • Comparar las cantidades realizadas con las previstas.
  • Evitar pagos por trabajos pendientes.
  • Detectar desviaciones económicas con antelación.
  • Mantener un historial ordenado de los pagos.
  • Identificar modificaciones respecto al presupuesto inicial.
  • Estimar qué importe queda pendiente hasta finalizar la construcción.

Las certificaciones no sustituyen al seguimiento técnico de la obra. Tampoco garantizan por sí solas que cada trabajo esté bien ejecutado. Su función es valorar económicamente lo realizado, mientras que el control de calidad corresponde a los técnicos responsables.

¿Quién prepara y quién revisa una certificación?

El procedimiento depende del contrato y de la organización de cada obra.

Habitualmente, la empresa constructora prepara una propuesta con los trabajos realizados durante ese periodo.

Después, el arquitecto y el arquitecto técnico responsables de supervisar la obra revisan las cantidades. También comprueban el avance y corrigen cualquier diferencia antes de aprobar el documento.

El propietario o promotor también debe recibir información suficiente para comprender qué se está certificando. Esto no significa que tenga que medir personalmente cada muro, pavimento o instalación, pero sí que debe poder identificar:

  • Los trabajos incluidos.
  • La parte que ya se ha ejecutado.
  • El importe aprobado anteriormente.
  • Las modificaciones incorporadas.
  • La cantidad que todavía queda pendiente del presupuesto.

En una obra privada, el contrato debe indicar quién prepara la certificación, quién la revisa y cuándo se realiza el pago.

Las reglas de una obra pública no siempre se aplican a una construcción privada. Por eso, el procedimiento debe adaptarse a lo acordado entre el propietario y la empresa constructora.

¿Con qué frecuencia se emiten?

Es frecuente que las certificaciones se preparen mensualmente, especialmente en proyectos de cierta duración. Sin embargo, la periodicidad puede ser diferente si así se acuerda.

También pueden vincularse a determinados hitos, como:

  • Finalización del movimiento de tierras.
  • Ejecución de la cimentación.
  • Terminación de la estructura.
  • Cierre de fachadas y cubiertas.
  • Avance de las instalaciones.
  • Finalización de revestimientos y acabados.

La certificación mensual ofrece un seguimiento más continuo. En cambio, la certificación por hitos puede resultar más sencilla de entender. Sin embargo, cada fase debe estar bien definida para evitar dudas sobre cuándo se considera terminada.

En cualquiera de los dos casos, la periodicidad y el sistema de aprobación deberían figurar por escrito antes de comenzar la obra.

Diferencias entre presupuesto, certificación y factura

Aunque están relacionados, no son el mismo documento.

Presupuesto de obra: indica los trabajos previstos, sus cantidades y sus precios antes de comenzar.

Certificación de obra: recoge los trabajos que ya se han ejecutado y cuánto valen.

Factura: es el documento fiscal mediante el que se solicita el pago.

Certificado final de obra: acredita técnicamente que la construcción se ha terminado.

¿Qué debe revisar el propietario antes de aprobar una certificación?

Aunque exista una dirección facultativa encargada del seguimiento técnico, el propietario debe poder comprender la evolución económica de su proyecto.

Antes de aprobar el pago conviene comprobar los siguientes aspectos.

Identificación clara de las partidas. Descripción precisa de cada trabajo incluido en la certificación, evitando términos genéricos como “varios”, “extras” o “trabajos adicionales”.

Correspondencia entre las cantidades y los trabajos ejecutados. Comprobación de que las cantidades certificadas coinciden con los trabajos realmente realizados y no con unidades todavía pendientes.

Comprobación de los precios acordados. Revisión de que cada partida se valora según los precios incluidos en el presupuesto o contrato. Cualquier precio nuevo debe estar explicado y justificado.

Ausencia de cantidades duplicadas. Verificación de que ningún trabajo o medición aparece cobrado más de una vez en la certificación actual o en las anteriores.

Documentación de las modificaciones. Registro de cualquier cambio realizado durante la obra, indicando qué se modifica, cuánto cuesta, quién lo autoriza y si afecta al plazo.

Coherencia entre el avance económico y el estado de la obra. Comprobación de que el importe pagado guarda relación con el estado real de la construcción. Cualquier diferencia importante debe aclararse antes de aprobar la certificación.

Cómo gestionar los trabajos adicionales y sus precios

Durante una construcción pueden aparecer trabajos que no estaban definidos en el presupuesto inicial o que deben ejecutarse de una manera diferente.

En estos casos no conviene esperar a la certificación para discutir su precio. El propietario y la constructora deberían acordar estos puntos antes de comenzar:

  • La descripción de la nueva unidad.
  • Su sistema de medición.
  • El precio aplicable.
  • La posible eliminación de otras partidas.
  • Su repercusión sobre el presupuesto.
  • Su incidencia en el plazo de ejecución.

Cuando estos aspectos se documentan previamente, la certificación se limita a comprobar cuánto se ha ejecutado. Cuando no se documentan, cada pago puede convertirse en una negociación.

Errores relacionados con los trabajos

  • Certificar trabajos que aún no han terminado.
  • Incluir dos veces una misma cantidad.
  • Confundir materiales almacenados con trabajos ejecutados.
  • Utilizar descripciones demasiado generales.

Además de comprobar lo ejecutado antes de realizar cada pago, conviene conocer las garantías de obra que pueden aplicarse una vez finalizada la construcción.

Errores relacionados con los pagos

  • Revisar únicamente el importe final.
  • Aplicar precios distintos de los acordados.
  • No reflejar anticipos o retenciones.
  • No actualizar la previsión del coste pendiente.

¿Las certificaciones evitan los sobrecostes?

Su utilidad consiste en detectar los cambios con suficiente antelación y mantener un registro claro de lo que se ha ejecutado, aprobado y pagado. Para que funcionen como una herramienta real de control deben acompañarse de:

  • Un presupuesto bien definido.
  • Mediciones suficientemente detalladas.
  • Un procedimiento para aprobar modificaciones.
  • Seguimiento periódico.
  • Comunicación entre propiedad, dirección facultativa y constructora.
  • Una previsión actualizada del coste final.

Cuando estos elementos se coordinan correctamente, el propietario sabe cuánto se ha ejecutado, cuánto ha pagado y qué importe queda pendiente.

Certificar correctamente también forma parte de una obra bien gestionada

La calidad de una construcción no depende solo de cómo se ejecutan los trabajos. También necesita una planificación económica clara, documentos ordenados y pagos relacionados con el avance real de la obra.

Las certificaciones de obra permiten saber qué trabajos se han completado, cuánto se ha pagado y qué importe queda pendiente. Cuando se preparan de forma clara, facilitan la relación entre el propietario, los técnicos y la empresa constructora.

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